02 junio, 2015

Crea una mano robótica con cartón

¿A quién no le gustan los robots? Traemos una manualidad que os encantará. 

Necesitaréis:


  • Cartón
  • Regla
  • Pistola de silicona fría
  • Cuerda
  • Cinta aislante o tiras de papel para decorar
  • 1 pajita fuerte o el tubo de un bolígrafo
  • Cutter
  • Segueta (para cortar el tubo del boli)
  • Grapadora
  • Rotulador


Poned el video a cámara lenta y pedid ayuda a un adulto para utilizar el cutter y la segueta (¡cortan muchísimo!)




05 mayo, 2015

Frustración en la infancia


Os traemos un interesante artículo de la psicóloga Yolanda González sobre la frustración "educativa" en la infancia.







Vivi­mos en una Sociedad, donde desde la más tierna infan­cia, se nos enseña a sopor­tar la frus­tración. Existe la creen­cia gen­er­al­izada, de que si no hay frus­tración mar­cada por los adul­tos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“per­ver­sos polimor­fos”) y como con­se­cuen­cia, devienen en suje­tos anti-sociales y no adaptados.

Hemos acep­tado, que la vida es dura y cruel. Y nue­stros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibi­mos con­se­jos per­ma­nentes sobre cómo evi­tar que nue­stros hijos se mal­crien: “No lo cojas en bra­zos” “No atien­das a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo”. “No tran­si­jas, pues se subirán a las bar­bas”. Tan­tos y tan­tos tópi­cos, con el único obje­tivo de que esos bebés, ávi­dos de con­tacto epidér­mico, de mirada amorosa, de empatía pro­funda, vayan aprendiendo a través de la fri­al­dad, a ser “Duros”, que no fuertes.

Poco a poco, la sociedad nos trans­mite que debe­mos aco­razarnos. Con una coraza rígida e insen­si­ble ante el dolor de los otros “porque la vida es así”. Poco a poco, nos dis­tan­ci­amos de nue­stro instinto pro­tec­tor, y de nue­stro sen­tido común, para ser máquinas que respon­den al sis­tema, con sum­isión. Acep­ta­mos las nor­mas, aunque sean irra­cionales, y for­mamos parte del engranaje.

¿Qué hemos olvi­dado? ¿Qué con­fundi­mos cuando hablamos de límites, edu­cación, autori­dad, frus­tración…?. Olvi­damos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capaci­dad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesi­dades más impe­riosas. Olvi­damos que, sigu­iendo a man­uales o recomen­da­ciones que dina­mi­tan el sen­tido común (el más escaso de los sen­ti­dos), vio­len­ta­mos el pro­ceso nat­ural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesi­dades bási­cas. Tan sólo una respuesta sen­si­ble y empática a sus necesi­dades pri­marias, garan­tiza un desar­rollo psi­coa­fec­tivo saludable.





JAMAS, debe­mos de frus­trar las necesi­dades afec­ti­vas. ¿A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cál­ida o una pres­en­cia en los momen­tos de mayor necesi­dad? ¿A quién le hace daño el amor?





Con­fundi­mos la frus­tración de necesi­dades cul­tur­ales, con la frus­tración de las necesi­dades afec­ti­vas. La única frus­tración salud­able, es la que frena el sin­sen­tido del con­sum­ismo. Con­sum­ismo de la Tv. no con­struc­tiva. De los dul­ces exce­sivos. Sabe­mos que com­prar y com­prar, tapona en pequeños y may­ores, grandes lagu­nas y ausen­cias afec­ti­vas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesi­dades vacías.


Estas y no las otras, son las necesi­dades secun­darias o cul­tur­ales que debe­mos apren­der con inteligen­cia y amor, a lim­i­tar. Muchos pedi­atras, autores, veci­nos, cues­tio­nan la lac­tan­cia nat­ural pro­lon­gada. Y la jus­ti­f­i­can desde psi­col­o­giza­ciones y teoriza­cíones, sin ningún fun­da­mento. Sin ningún seguimiento prác­tico y directo de bebés, que de forma sól­ida, per­mita realizar dichas afir­ma­ciones. Y en los casos que se acom­pañan de obser­vación, lo obser­vado responde gen­eral­mente a lo “nor­mal” y estadís­tico para la sociedad actual , igno­rando y descono­ciendo lo que pudiera ser “lo sano”. Inten­tan imponer con sus cri­te­rios, lo que hace la may­oría, sin cues­tionar, si esos cri­te­rios gen­eran feli­ci­dad o infe­li­ci­dad, salud o normalidad.

Frus­trar la necesi­dad del pecho a demanda y la necesi­dad de la lac­tan­cia pro­lon­gada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con con­tacto y amor) , es negar­nos una expe­ri­en­cia esen­cial en la vida: Porque, cono­cer el placer y el amor, es la mejor pre­ven­ción de trastornos psi­co­somáti­cos pos­te­ri­ores. Per­mi­tir que el bebé, explore cuáles son sus necesi­dades y que el medio se las posi­bilite, es lo que crea con­fi­anza y seguri­dad en la vida.

Es lo que posi­bilita el vín­culo. El apego seguro. Los padres, y el pro­fe­so­rado están a veces muy des­ori­en­ta­dos con tanto bom­bardeo infor­ma­tivo y contradictorio.

Es por ello muy impor­tante, desar­rol­lar la capaci­dad de empa­ti­zar con nue­stros bebés ya desde el embarazo, para que el con­tin­uum de relación, ese ” hilo mágico” como me gusta lla­marlo y que algunos padres y madres percibi­mos desde el nacimiento hasta la autonomía de nue­stros hijos, sea el mejor antí­doto ante tan­tas influ­en­cias nefas­tas en el desar­rollo salud­able de la primera infancia.

Ese “hilo mágico”, se llama VINCULO, y su base es la con­fi­anza, la seguri­dad y sobre todo el AMOR, del bueno.




Por Yolanda González 

Vía: Biencriados.com

27 abril, 2015

Elogio de la educación lenta

Joan Domènech, autor del libro “Elogio de la Educación Lenta”: “Los docentes debemos creer más en nosotros mismos”




¿Hemos perdido el ritmo de la vida? Seguramente. Hay un predominio del tiempo desde su punto de vista cuantitativo, valoramos más los aspectos de aceleración: cuantas más cosas hagas y más rápido, mejor. Ahora valoramos más el tiempo que utilizamos para hacer muchas cosas que el que utilizamos para hacer cosas en su merecido tiempo.
¿Y qué hemos perdido con ello? Las cosas que antes tenían valor han pasado a un segundo plano. Los griegos tenían dos dioses relacionados con el tiempo: Kronos, vinculado al tiempo que duran las cosas y Kairos, que está ligado a los ciclos de la naturaleza, al tiempo que necesitan los acontecimientos para desarrollarse plenamente. Nuestra cultura sólo conoce y valora a Kronos.
Esta concepción, ¿la hemos trasladado a la educación? Si, por supuesto. La tendencia es pensar que cuanto más tiempo estudien los niños, cuanto más rato dediquen al aprendizaje formal, más listos serán y más cosas sabrán. Esto es falso. El aprendizaje es interdisciplinar, y cada individuo tiene su ritmo. No podemos globalizar ni acelerar el aprendizaje.
¿Qué te provocó, personalmente, la necesidad de establecer un cambio en la forma de educar? El tiempo como variable siempre me había hecho reflexionar. Cuando preparas los cursos siempre intentas organizarte mejor que el año anterior para alcanzar los objetivos, pero siempre llegas a final de curso sin terminar todo lo que querías hacer. Un día te das cuenta que no es una cuestión de organización sino del sistema. Fragmentar el tiempo implica fraccionar el saber y esto no es garantía de un mejor aprendizaje ni tampoco que sea homogéneo en el aula.
¿Y cuál fue la conclusión? El tiempo siempre es el mismo. Puedes fragmentar el tiempo y meter con calzador todas las actividades que tienes que hacer, o puedes plantearte que necesidades tiene el niño y gestionar el tiempo de acuerdo a ellas.
¿Qué es lo más importante para llevar a cabo la segunda opción? Tener claras las prioridades. Actualmente la administración diseña el sistema educativo en función de la realidad social actual, perpetuando un modelo que solo da respuesta a este input. Pero la educación a lo que debe dar respuesta es a la necesidad del ser humano de desarrollarse.